Santiago, una ciudad con un nombre muy común

Santiago, una ciudad con un nombre muy común

Por Asociación Profesionales Pedro de Valdivia, 11 febrero, 2018

A propósito de los 477 años de la ciudad de Santiago, Luciano Ojeda, historiador y periodista, escribió sobre el nombre de la capital de nuestro país.

Por Luciano Ojeda.

Cuando Pedro de Valdivia fundó la que sería la capital de Chile, a principios del año 1541, el nombre de Santiago ya resonaba profundamente entre los recién llegados “conquistadores”. La figura del Apóstol Santiago, Santiago Matamoros, según creían las mesnadas hispanas, apoyaba activamente la reconquista del territorio de la península y estaba presente en cada acción militar relevante, espada en mano, apoyando la “causa cristiana”, matando moros.

Más lejos en el tiempo, pero posiblemente muy cerca en la memoria, hay que mencionar que el nombre refiere al Apóstol Santiago, el patrono de España. Se trata de Santiago de Zebedeo (en arameo: Yaakov Bar-Zebdi; en hebreo: Jacob) también llamado Santiago el Mayor, nacido en Betsaida, Galilea, el año 5 a.C. y martirizado en  Jerusalén, Judea, en el año 44. Fue uno de los apóstoles de Jesús de Nazaret, hijo de Zebedeo y Salomé, nombrado como Santiago, el hijo de Zebedeo en el Nuevo testamento, y hermano de Juan el Apóstol. Se le conoce como Santiago el Mayor para distinguirlo del otro apóstol llamado Santiago, Santiago el Menor o Santiago el de Alfeo.  Se sostiene que Santiago y su hermano Juan habían sido llamados por Jesús los “hijos del trueno” por su carácter impetuoso. Según la tradición cristiana, Santiago fue testigo junto con Juan y Pedro, de la Transfiguración en el Monte Tabor, de la pesca milagrosa y de la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre los pasajes más representativos.

El descubrimiento del sepulcro del santo daría origen a uno a de los lugares de peregrinación más concurridos de Occidente. El mítico lugar sobre el que se levantaría un campo de estrellas originará la gran “Santiago de Compostela” en la medieval Iria Flavia, la Finis Terrae de la época y actual Galicia. La fama del redescubierto sepulcro, luego de unos 800 años de olvido, cruzó toda Europa y los peregrinos comenzaron a trazar el Camino de Santiago a partir de los inicios del siglo IX. La guerra de reconquista del territorio hispano por los cristianos y el intento de expulsión de los moros llevó a ciertos caballeros a fundar una orden de caballería que contara con la protección del santo apóstol. La Orden de Santiago se fundó hacia 1170, durante el reinado de Fernando II en León y fue aprobada por el papa Alejandro III el 5 de julio de 1175.

La imagen del santo montado en un caballo blanco, espada en mano matando moros, se convertiría en la presencia más solicitada antes de cada batalla por las huestes hispanas, así en medio de la lucha por la reconquista como en las batallas libradas en territorio americano.

El Santiago Matamoros pasó rápidamente a ser Santiago Mata Indios. Antes de trabarse en combate las huestes cristianas invocaban al Patrono de la Corona gritando:  ¡Santiago y a ellos!

Son innumerables las “apariciones” del apóstol guerrero en las crónicas de los enfrentamientos de las huestes hispanas, ya sea en la mítica batalla de Clavijo en el temprano 834, en México, en Cuzco, hasta las apariciones que relata Alonso Ovalle en la batalla de Las Cangrejeras, en nuestro propio territorio.

Hay estudiosos que sostienen que no menos de 200 ciudades en América llevan el nombre del Apóstol guerrero. Por lo pronto la ciudad de «Santiago de los Caballeros” había sido fundada en 1495 en la isla de Santo Domingo por el propio Cristóbal Colón.

En 1515 se había fundado Santiago de Cuba que, entre las primeras villas de la isla, fue la primera capital hasta 1556. En 1524, el conquistador Pedro de Alvarado y Contreras funda “Santiago de los Caballeros” en Guatemala. Y por si fuera poco, en 1531, al norte de la ciudad de México se había fundado “Santiago de Querétaro”.

Mientras tanto en el actual Ecuador, Sebastián de Benalcázar fundaba el 15 de agosto de 1534, una ciudad con el nombre de “Santiago de Guayaquil” que incluso debió ser refundada dos veces más en 1535 y 1537.

En 1540, y por orden de Alonso de Alvarado, Juan Pérez de Guevara funda “Santiago de los Ocho Valles de Moyobamba”, en Perú.

Incluso, el 25 de julio de 1553 Francisco de Aguirre fundará la primera ciudad de la actual Argentina con el nombre de “Santiago del Estero”. Unos años después, Diego de Losada funda la ciudad que será la capital de Venezuela con el nombre de “Santiago de León de Caracas”, el 25 de Julio de 1567.

No fue don Pedro un innovador en cuestiones de nombres. No podía, no quería, innovar. Se había encomendado en el Cuzco, luego de la aparición del Apóstol guerrero, a la figura protectora de Santiago “el mayor” y a la santísima Virgen María.